Álvaro del Portillo: siervo bueno y fiel

Álvaro del Portillo fue un hombre fiel y un trabajador incansable al servicio de la Iglesia. En 1935, mientras estudiaba Ingeniería, se incorporó al Opus Dei. En 1944 recibió la ordenación sacerdotal. Fue colaborador estrecho de san Josemaría y se convirtió en su primer sucesor al frente del Opus Dei. Recibió numerosos encargos de la Santa Sede, especialmente en el Concilio Vaticano II. En 1991 recibió la ordenación episcopal. Fue beatificado el 27 de septiembre de 2014. Su fiesta se celebra el 12 de mayo.

Vida

Infancia y juventud

Álvaro del Portillo nació en Madrid el 11 de marzo de 1914, era el tercero de ocho hermanos. Sus padres fueron Clementina Diez de Sollano, mexicana, y Ramón del Portillo y Pardo, español.

Después de cursar el bachillerato en el Colegio El Pilar (Madrid), ingresó en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, en la que terminó sus estudios en 1941. Trabajó en diversas entidades estatales. A la vez, estudió Filosofía y Letras (Sección de Historia) y se doctoró en 1944 con la tesis Descubrimientos y exploraciones en las costas de California.

Junto a san Josemaría

En 1935 se incorporó al Opus Dei, institución de la Iglesia Católica que había sido fundada siete años antes por san Josemaría Escrivá de Balaguer. Recibió directamente del fundador la formación y el espíritu propios de aquel nuevo camino en la Iglesia. Desarrolló una amplia labor de evangelización entre sus compañeros de estudio y trabajo y, desde 1939, realizó un intenso apostolado por diferentes ciudades de España.

El 25 de junio de 1944 fue ordenado sacerdote por el obispo de Madrid, Mons. Leopoldo Eijo y Garay, junto con José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz: eran los tres primeros sacerdotes del Opus Dei, después del fundador.

En Roma

En 1946 se trasladó a Roma, pocos meses antes de que fijara allí su residencia san Josemaría, con el que convivió también en los años siguientes. El Opus Dei recibió entonces las primeras aprobaciones jurídicas de la Santa Sede. Para Álvaro del Portillo empieza otra época decisiva en la que, entre otras cosas, realizará —con su actividad intelectual junto a san Josemaría y con su trabajo en la Santa Sede— una honda reflexión sobre el papel y la responsabilidad de los fieles laicos en la misión de la Iglesia, a través del trabajo profesional, la familia y las relaciones sociales.

Entre 1947 y 1950 empujó la expansión apostólica del Opus Dei en Roma, Milán, Nápoles, Palermo y otras ciudades italianas. Promovió actividades de formación cristiana y atendió sacerdotalmente a numerosas personas.

El 29 de junio de 1948, el fundador del Opus Dei erigió en Roma el Colegio Romano de la Santa Cruz, centro internacional de formación del que Álvaro del Portillo fue primer rector y en el que enseñó teología moral (1948-1953). En ese mismo año (1948) obtuvo el doctorado en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Santo Tomás (Angelicum).

Durante sus años en Roma, los papas, desde Pío XII hasta Juan Pablo II, lo llamaron a desempeñar numerosos encargos, como miembro o consultor de 13 organismos de la Santa Sede. Participó activamente en el Concilio Vaticano II. Juan XXIII lo nombró consultor de la Sagrada Congregación del Concilio (1959-66). En las etapas previas al Vaticano II, fue presidente de la Comisión para el Laicado. Ya en el curso del Concilio (1962-65) fue secretario de la Comisión sobre la Disciplina del Clero y del Pueblo Cristiano. Terminado este evento eclesial, Pablo VI lo nombró consultor de la Comisión postconciliar sobre los Obispos y el Régimen de las Diócesis (1966). Fue también, durante muchos años, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la Congregación del Clero, de la Congregación de las Causas de los Santos y del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales.

Además, Álvaro del Portillo estuvo siempre al lado de san Josemaría, ayudándolo en las tareas de evangelización y de gobierno pastoral del Opus Dei, y lo acompañó en sus numerosos viajes apostólicos a países de Europa y de América.

Primer sucesor de san Josemaría

Tras el fallecimiento de san Josemaría, en 1975, Álvaro del Portillo fue elegido para sucederlo al frente del Opus Dei. El 28 de noviembre de 1982, cuando san Juan Pablo II erigió el Opus Dei en prelatura personal, lo designó prelado de la nueva prelatura. Ocho años después, el 7 de diciembre de 1990, lo nombró obispo y, el 6 de enero de 1991, le confirió la ordenación episcopal en la basílica de San Pedro. Su ardiente afán de ganar almas para Cristo quedó reflejado en su lema episcopal: Regnare Christum volumus!

A lo largo de los años en que estuvo al frente del Opus Dei, el beato Álvaro promovió el comienzo de la actividad de la prelatura en 20 nuevos países. En sus viajes pastorales, que lo llevaron a los cinco continentes, predicó a miles de personas el amor a Dios, a la Virgen, a la Iglesia y al Papa, y transmitió con persuasiva simpatía el mensaje cristiano de san Josemaría acerca de la santidad en la vida ordinaria. Además, estimuló la puesta en marcha de numerosas iniciativas sociales y educativas.

Álvaro del Portillo es autor de publicaciones sobre materias teológicas, canónicas y pastorales: Fieles y laicos en la Iglesia (1969), Escritos sobre el sacerdocio (1970) y numerosos textos dispersos, gran parte de ellos recogidos póstumamente en el volumen Rendere amabile la Verità. Raccolta di scritti di Mons. Álvaro del Portillo, publicado en 1995 por la Libreria Editrice Vaticana. En 1992 se publicó el volumen Intervista sul Fondatore dell'Opus Dei, fruto de sus conversaciones con el periodista italiano Cesare Cavalleri, sobre la figura de san Josemaría, que ha sido traducido a varias lenguas.

Mons. Álvaro del Portillo murió en Roma en la madrugada del 23 de marzo de 1994, pocas horas después de regresar de una peregrinación a Tierra Santa. La víspera había celebrado su última misa en la iglesia del Cenáculo de Jerusalén. El mismo día de su fallecimiento, Juan Pablo II acudió a rezar ante sus restos mortales, que ahora reposan en la cripta de la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz.

Hacia los altares

Desde el día de su muerte, mucha gente empezó a pedir su intercesión para obtener favores del cielo y miles de personas testimoniaron acerca de su amor a la Iglesia —que se manifestaba en su profunda comunión con el Papa y los obispos—, su caridad con todos y su solicitud infatigable por sus hijas e hijos en el Opus Dei, su bondad, el calor de su sonrisa, su humildad y sencillez, el olvido de sí, su fortaleza, su serenidad, la paz interior que su palabra comunicaba, su audacia sobrenatural y su prudencia.

En 2004, diez años después de su fallecimiento, se abrió en Roma el proceso para su beatificación y canonización. El 28 de junio de 2012, Mons. Álvaro del Portillo fue declarado venerable y, el 27 de septiembre de 2014, fue beatificado en Madrid, en una misa presidida por el cardenal Angelo Amato a la que asistieron más de 200.000 personas provenientes de todo el mundo. El Papa Francisco se hizo presente en la ceremonia a través de una carta en la que hacía este retrato del nuevo beato: “Especialmente destacado era su amor a la Iglesia, esposa de Cristo, a la que sirvió con un corazón despojado de interés mundano, lejos de la discordia, acogedor con todos y buscando siempre lo positivo en los demás, lo que une, lo que construye. Nunca una queja o crítica, ni siquiera en momentos especialmente difíciles, sino que, como había aprendido de san Josemaría, respondía siempre con la oración, el perdón, la comprensión, la caridad sincera”.

La fiesta del beato Álvaro se celebra el 12 de mayo, aniversario de su primera comunión.