La mujer compuesta saca al hombre de otra puerta

Madre de siete hijos, empresaria destacada, asesora a las mujeres en el cuidado de la piel, pero procura que su trabajo influya en forma más profunda en las personas y las anima con las enseñanzas que recibió en el Opus Dei desde que estaba en 3ro. de liceo, cuando oyò hablar por primera vez de San Josemaría Escrivá

Testimonios

Conocí el Opus Dei a través de un sacerdote de la Obra que predicó un retiro abierto en el Colegio Las Domínicas, al que yo iba hace casi 40 años cuando estaba cursando 3º año de liceo. Cuando terminó el retiro le pregunté a la hermana directora que le parecía ese sacerdote para director espiritual. Pregunté donde podía seguir confesándome con él y me dio la dirección del centro de la Obra que en aquel momento quedaba en la calle Martí, primer sede de las mujeres del Opus Dei en Uruguay. En esa casa charlaba mucho con Bay, que era una de las que vivía en la casa y murió de un cáncer velocísimo. Yo me enteré a la semana siguiente de estar con ella. Cuando me lo contaron, las que me lo dijeron dicen que quedé totalmente demudada.

Después de Martí el centro se mudó a Bulevar Artigas y después se instaló la residencia en la calle Chucarro: esa mudanza fue muy divertida y yo me hice muy amiga de muchas residentes, quienes cuando salían de noche se quedaban a dormir en mi casa.

Camino fue el primer libro que leí de San Josemaría. Lo conocí el mismo año que conocí la Obra y me resultaba impresionante y era muy divertido porque, como nos pasa a todos, siempre que leemos pensamientos lo comentamos con otra y decimos: “che viste que bien le viene esto a fulana, que bien le viene esto a mengana” y nunca se nos ocurre que es a nosotros a la que nos viene bien.

El punto de Camino que más se me grabó es el primero del capítulo de carácter y el que dice que sin guerra no hay paz: este punto se lo dediqué a mi marido en el camino que yo le regalé a él. Al fundador del Opus Dei lo conocíamos por fotos y habíamos oído su voz a través de una casete de audio.

En el año 197 me casé y con mi marido fuimos a Roma. Después, Dios sabrá por qué fuimos a visitar a San Josemaría pero no lo encontramos. Le dejamos un regalo y él después nos mandó una carta agradeciendo el regalo y bendiciendo a la familia. Ahora, cuando tengo dificultades miro la carta y le digo: “tu me dijiste que ibas a interceder así que intercedé”, porque la carta lo dice y está firmada de puño y letra de él. Por eso cuando alguno de mis hijos me hace algunos planteos de determinado tipo también le digo lo mismo: “acordate lo que dice la carta que nos mandó San Josemaría”, y entonces eso da mucha tranquilidad.

Cuando ya habían nacido mis hijos y el presupuesto era muy apretado, me dispuse a buscar un trabajo que me permitiera a la vez ocuparme de mis hijos

Cuando ya habían nacido mis siete hijos y el presupuesto era muy apretado, me dispuse a buscar un trabajo que me permitiera a la vez ocuparme de mis hijos. No estaba dispuesta a cambiar plata por plata: me negaba a dejarlos solos de forma habitual. Cuando me ofrecieron mi actual trabajo me pareció divertido y al año de estar trabajando me di cuenta que me brindaba los ingresos que yo quería y la compatibilidad con la vida de familia que yo estaba buscando. Mi trabajo profesional consiste en la enseñanza del cuidado de la piel unido al trabajo como directora de Mary Kay que incluye el desarrollo de capacidades para formar a la mujer como mujer de empresa.

En esta tarea de capacitación pretendo transmitir virtudes: servicio, alegría, perseverancia, trabajo bien hecho, que he ido aprendiendo desde jovencita por parte del Fundador del Opus Dei. La clase es la forma de concretar una parte muy importante de mi trabajo profesional, es mucho trato personal con mucha gente, es mucha oportunidad de hacer comentarios porque uno escucha además muchos comentarios mientras va dando la clase.

Por más que yo esté concentrada en mi trabajo de técnica de enseñanza de cuidado de la piel, eso ya implica estar ayudando a cada mujer a valorarse, a saber mirarse al espejo, a saber estar lista para conquistar a su marido cada día.

Converso con muchas mujeres en las clases de belleza, hablamos de la conquista de sus propios maridos y no conquistar a otros. Siempre repito algo que repetía mucho el fundador de la Obra: la mujer compuesta saca al hombre de otra puerta. Hablamos mucho de la familia y de los hijos.

En esta tarea de capacitación pretendo transmitir virtudes: servicio, alegría, perseverancia, trabajo bien hecho, que he ido aprendiendo (...) en el Opus Dei

Siempre recuerdo que yo solía salir con mis siete nenes chiquitos y muchas mujeres más grandes me decían cuando me veían “que envidia que me das, como me arrepiento de no haber tenido más”. A raíz de esto yo empecé a pensar como podía incentivar a las mujeres a que no se asustaran y que se animaran a tener otro hijo. Entonces empecé a decirles en mis charlas “animate a tener uno más de lo que te crees que podés”. Después de algún tiempo algunas señoras me confesaron que se habían animado a tener otro hijo y que estaban felices.

Con mi marido coincidimos en lo que es nuestra fe y nuestra vida de piedad, la familia y en los ideales de vida de familia, pero nuestras inquietudes personales son totalmente distintas; no un poco distintas, totalmente distintas. Yo tenía claro que teníamos que tener en el matrimonio alguna actividad común porque eso favorece la armonía. Dios me permitió que asistiésemos a unos cursos de orientación familiar y luego juntos fuésemos profesores en dicha actividad. Gracias a eso yo soy una esposa que aún sigue recibiendo rosas y chocolates de su marido, algo que lo aprendió en estos cursos de orientación familiar llevados adelante por matrimonios inspirados en las enseñanzas de San Josemaría.

  • Teresa Miró de Vázquez, Empresaria y ama de casa // Libro "San Josemaría y los uruguayos", año 2002