El mejor negocio

Siempre quiso tener muchos hijos aunque nunca se imaginó el trabajo que suponía sacar adelante una familia numerosa. Hoy tiene la responsabilidad, junto a su marido, de llevar a Roma los problemas que afectan a la familia uruguaya y traer al país los consejos del Papa

Opus Dei - El mejor negocio

 Tengo 23 años de casada, 10 hijos, de 22 hasta 5 años y medio, dos nenas que se llevan 10 años, nacieron el mismo día, una es del 80 y la otra del 90, sin ninguna planificación familiar. Mi casa ha sido siempre mi primera profesión pero también intercalada con una casi segunda que ha sido la orientación familiar: sacar adelante actividades de educación de los hijos y de relaciones conyugales juntos con otros matrimonios. Esta actividad la vengo realizando desde los primeros años de casada.

Yo siempre dije que quería tener muchos hijos, desde joven pensé así, pero nunca me imaginé lo que era: lo veía divertido y activo pero no me daba cuenta todo el trabajo que suponía sacar adelante una familia numerosa. Ahora pienso que si fui consecuente fue porque en el Opus Dei nos han hablado que la doctrina sobre los hijos es la doctrina de la Iglesia, que no hay una doctrina propia del Opus Dei para los hijos.

El fundador nos decía a los esposos que teníamos que ser generosos, que no podíamos segar las fuentes de la vida, que cada vida era un don de Dios, que lo teníamos que ver como un regalo de Dios. Hablándonos a marido y mujer nos decía que no podíamos ser cómplices sino poder mirarnos entre los esposos a la cara por haber tenido una vida limpia y una respuesta generosa a Dios. Eso creo que fue el gran impulso y el pilar para concretar que la familia se fuera ampliando. El aspecto de confiar en Dios como padre, de que los hijos no son sólo nuestros sino también de Dios y que Él da las gracias para salir adelante, fue una fuerza que nos dio San Josemaría.

Me acuerdo que una señora una vez me dijo: “te tienen cortita, al trote todo el día, pero después Dios te hace gozar de unos hijos maravillosos”. Y no se me olvida porque cuando trabajás y te asfixia la tarea, y todo son montañas de ropa y juguetes tirados, y tratás de tener tu casa con detalles, y vez que la comida no está en hora, a veces entrás un poco en depresión. Sin embargo ahora compruebo lo que me dijo esa señora, porque aunque han dado trabajo, después uno ve como salen adelante.

Durante los primeros años de casados nos contactamos con unos matrimonios en Argentina que se dedicaban a dar cursos de orientación familiar. Eran cursos muy prácticos y hacían mucho bien porque servían para que charlaran mucho los esposos. Además te daban criterios muy claros para poder educar a tus hijos en la diaria, en esas pequeñas cosas que a veces te complican y que son cosas simples que uno no sabe cómo solucionar. Estos matrimonios nos propusieron venir a Montevideo a dar estos cursos. Ellos estaban dando cursos por toda Argentina y la idea nos pareció fantástica.

A mediados de los años 50 el fundador de la Obra comenzó a impulsar a los padres a prepararse mejor para educar a sus hijos y a que fuesen los primeros responsables en la educación de sus chicos. Les decía que era el negocio más importante que tenían entre manos. Todo ese empuje de San Josemaría nos llegó a nosotros a través de algunos miembros de la Obra en Argentina que habían participado en tertulias con el Fundador.

"El Fundador nos decía a los esposos que teníamos que ser generosos, que no podíamos segar las fuentes de la vida, que cada vida era un don de Dios"

Con el tiempo dimos nosotros estas charlas en Uruguay, tomándonos muy en serio esa profesión de padres, esa misión grande, pensando que con el instinto maternal y paternal no alcanza, sino que hay que estar cada día mejor preparados para que los hijos sean educados por nosotros y no por la televisión, las revistas, el ambiente.

En 1989 la Santa Sede nos nombró a mi marido y a mí como miembros del Consejo Pontificio para la Familia. Así como el Poder Ejecutivo tiene los ministerios para las distintos áreas de su gobierno, la Santa Sede tiene los consejos pontificios.

El Consejo de la Familia lo integramos muchos cristianos corrientes que tenemos una doble misión: por un lado llevar lo que sucede en el país de origen hacia Roma, y por otro transmitir lo que Roma plantea en las áreas de acción sobre la familia. Es una cosa preciosa que yo nunca esperé en mi vida. Procuramos con mi marido transmitir orientaciones sobre la vida, sobre la familia, con una fidelidad total a la doctrina de la Iglesia.

Es una oportunidad para estar muy cerca del Santo Padre ya que cuando tenemos las Asambleas del Consejo Pontificio nos recibe en audiencia a todos los miembros. Siempre que pasamos a saludarlo le mostramos una foto de nuestra familia y le pedimos que la bendiga, le decimos que nosotros y nuestros hijos -como nos enseño San Josemaría- rezamos mucho por la Iglesia y por el Papa. Recuerdo que una vez se confundieron y nos presentaron como los miembros paraguayos y el Papa enseguida corrigió y dijo: paraguayos no, uruguayos. 

  • Elaisa Vega de Varela, Ama de casa, miembro del Consejo Pontificio para la Familia // Libro "San Josemaría y los uruguayos", año 2002