“San Josemaría siempre quiso servir a la Iglesia como ella quiere ser servida”

El Nuncio Apostólico en Uruguay califica a San Josemaría Escrivá como un “extraordinario hijo de la Iglesia” y se alegra por la expansión apostólica de la labor del Opus Dei, que constituye un fermento apostólico nuevo y un motivo de esperanza no pequeña para todos los hijos de la Iglesia. Como polaco que es, también se felicita de la labor del Opus Dei en su país

Opus Dei - “San Josemaría siempre quiso servir a la Iglesia como ella quiere ser servida”

  Agradezco de corazón la invitación que se ha hecho al Nuncio Apostólico en Uruguay, de adherirse al homenaje que numerosas personas de ambientes muy distintos de la sociedad uruguaya han querido ofrecer, en el Centenario de su nacimiento, a San Josemaría Escrivá, un extraordinario hijo de la Iglesia que el 6 de octubre del 2002 fue canonizado por el Santo Padre Juan Pablo II.

Durante el mes de junio de ese año tuve ocasión de recorrer con detenimiento una exposición sobre la vida del Beato Josemaría Escrivá, desarrollada en el Cabildo de Montevideo, que no fue para mí un acto protocolar sino un tiempo para alabar y dar gracias a Dios.

En efecto, leyendo los textos y contemplando las fotografías que componían la muestra, pude comprobar una vez más cuánta razón tenía el venerado Papa Pablo VI cuando afirmaba con gozo que el Opus Dei era una expresión de "la perenne juventud de la Iglesia": en estos tiempos de convulsión, en su seno ha nacido, ha crecido y se ha extendido por el mundo un fermento apostólico nuevo, que unido a tantas beneméritas instituciones de la Iglesia, constituye un motivo de esperanza no pequeña.

Pude comprobar (...) cuánta razón tenía el venerado Papa Pablo VI cuando afirmaba con gozo que el Opus Dei era expresión de la "perenne juventud de la Iglesia"

Basta con leer los Hechos de los Apóstoles y las epístolas del Nuevo Testamento, para comprender la viva conciencia que tenían los primeros cristianos de la llamada a la santidad, con la que Dios ha distinguido a sus hijos sellados por el carácter bautismal. San Josemaría Escrivá, recuperando esa sobrenatural certeza y concretándola en la experiencia del trabajo cotidiano -vocación original del hombre, creado por Dios "para trabajar" (Gen 2,15)- vino a descubrir a los fieles laicos un extraordinario horizonte de encuentro con Jesucristo y, por Él, de servicio a los hombres, en las circunstancias de la vida ordinaria.

En la exposición a la que me refería, el itinerario seguido por el Fundador del Opus Dei estaba plásticamente reflejado en las fotografías de sus primeros años de vida, de sus tiempos de seminarista, de sacerdote joven que, no obstante sus pocos años de ministerio, era llamado por obispos de toda España, que conocían bien su profunda vida espiritual, para predicar a sus sacerdotes. Al mismo tiempo que atendía todos los encargos que le hacían –San Josemaría siempre quiso "servir a la Iglesia como ella quiere ser servida"-, Mons. Escrivá de Balaguer iba contagiando su amor a Dios y su hambre de santidad a hombres y mujeres, que descubrían en su espíritu un llamado de Dios para buscar la santidad en medio del mundo, amando su condición secular.

Así, de una forma, si se me permite la expresión, tan asombrosamente natural, y contando siempre con la aprobación y el aliento de la Jerarquía, Escrivá fue dando vida a un organismo apostólico que calificaba, utilizando un modismo aragonés, como "una partecica de la Iglesia". En efecto, nacida de la Iglesia y en la Iglesia, esta Obra de Dios refleja la realidad de quienes forman la inmensa mayoría del Pueblo de Dios: hombres y mujeres, laicos y sacerdotes, solteros, casados, jóvenes y ancianos, de todas las profesiones y oficios como hay en la sociedad, unidos en la común aspiración a la santidad y ejerciendo cada uno el apostolado, siguiendo el espíritu del santo Fundador.

La expansión del Opus Dei por el mundo -a nuestro querido Uruguay llegaron sus primeros miembros en 1956- y los abundantes frutos apostólicos que la acompañaron, hicieron necesario que el Santo Padre Juan Pablo II le diera una configuración jurídica que respondiera convenientemente a su naturaleza, para el mayor bien, tanto de la Iglesia como de la misma institución.

San Josemaría siempre quiso "servir a la Iglesia como ella quiere ser servida"

El 28 de noviembre de 1982, el Papa erigió el Opus Dei como la primera Prelatura personal, dentro de la estructura jerárquica de la Iglesia, otorgándole asimismo sus estatutos. El propio Juan Pablo II subrayaba que esta fórmula jurídica, auspiciada por el Concilio Vaticano II y hecha eficaz con ese acto profundamente estudiado, pone de relieve sin privilegios, como siempre lo quiso San Josemaría Escrivá, "la pertenencia de los fieles laicos tanto a su Iglesia particular como a la Prelatura, a la que están incorporados" y, por ello, "hace que la misión peculiar de la Prelatura confluya en el compromiso evangelizador de toda la Iglesia particular, tal como previó el Concilio Vaticano al plantear la figura de las prelaturas personales" (Discurso, 17-III-2001).

El centenario del Fundador del Opus Dei coincide providencialmente con su canonización. En cada uno de estos actos magisteriales, con los que el Santo Padre nos alegra y a los que no podemos acostumbrarnos, todos los hijos de la Iglesia somos invitados a dar gracias a Dios por el don de su gracia, a la vez que honramos a esos hermanos nuestros por su correspondencia heroica al don recibido, y los recibimos como intercesores y como ejemplo de la santidad a la que todos estamos llamados.           

Es evidente que "los caminos de la santidad son múltiples -enseña el Papa en la Carta Apostólica Novo Millenio Ineunte- y adecuados a la vocación de cada uno" (n. 31). La canonización de Josemaría Escrivá supone en la Iglesia un punto de inflexión en el plan de "proponer de nuevo a todos, con convicción, este 'alto grado' de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección" (ib.)

La canonización de Josemaría Escrivá supone en la Iglesia u punto de inflexión

En los años 1961-1962 fui estudiante en la Universidad Católica de Lublin (Polonia) y asistí algunas veces, junto a otros sacerdotes, a las conferencias “ideológicas”, en la que un miembro del partido comunista trataba “asuntos de la religión” en el marco de la concientización de los estudiantes de la Universidad María Curie-Sklodwska (de Estado) en la misma ciudad de Lublin. Recuerdo que el conferenciante habló una vez del Opus Dei, presentándolo como una poderosa organización de la Iglesia Católica, que estaba penetrando en todos los sectores de la sociedad civil, imbuyéndolos de la doctrina cristiana, por supuesto, contraria y hostil hacia la dialéctica marxista-leninista. Afortunadamente -decía aquel ideólogo del partido- no existe ninguna célula del Opus Dei en Polonia, aunque es posible que haya polacos que adhirieron a esa institución en el extranjero. Hemos de cuidar, pues, de que no penetren en nuestra sociedad, concluyó el conferenciante... Como quiera que sea, pienso que antes de la caída oficial del régimen totalitario de mi patria, ya estaban obrando miembros de esa “organización poderosa” tan temible para el comunismo, en algunas ciudades polacas.

Nacida de la Iglesia y en la Iglesia, esta Obra de Dios refleja la realidad de quienes forman la inmensa mayoría del Pueblo de Dios

Hoy también en Polonia la labor apostólica del Opus Dei es una gozosa realidad de servicio. Ruego a su santo Fundador que ayude a la Iglesia entera a cumplir su misión con renovado vigor: “Vosotros sois la sal de la tierra” (Mt 5,13), “vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,14).

  • Mons. Janusz Bolonek, Nuncio Apostólico de su Santidad en Uruguay // Libro "San Josemaría y los uruguayos", año 2002