Para el bien común de toda la Iglesia

Al cumplirse hoy los 80 años de la Fundación del Opus Dei, reproducimos el texto completo de la disertación que pronunció el 28-11-2007 Mons. Janusz Bolonek –en aquel momento Nuncio apostólico en Uruguay– en la Universidad de Montevideo, con ocasión del 25º aniversario de la Prelatura.

Prelatura Personal

Señor Rector de la Universidad de Montevideo, doctor Mariano Brito; monseñor Enrique Doval, Vicario de la Prelatura del Opus Dei; señores embajadores; autoridades civiles y académicas; queridos amigos:

Si consideramos la historia milenaria de la Iglesia, el motivo que esta tarde nos reúne —la celebración del vigésimo quinto aniversario desde que fuera erigido el Opus Dei como Prelatura personal— podría parecer de escaso relieve. Es que, en un contexto de siglos, veinticinco años son poco tiempo. Sin embargo, es en el marco de la historia reciente de la Iglesia, en el ámbito del Concilio Vaticano II y de su posterior desarrollo, donde debe situarse esta celebración para poder comprenderla y valorarla en su justa medida.

En tiempos de ese Concilio, el Opus Dei –fundado por san Josemaría Escrivá de Balaguer en 1928– ya era una realidad frondosa en todo el mundo y traducía en la vida cotidiana de millares de personas el precioso ideal de la plenitud de vida cristiana, que es la santidad. Pero, en el derecho canónico entonces vigente, no existía una forma jurídica adecuada al carisma fundacional. 

Es precisamente durante el Concilio cuando, tras una profunda reflexión de la Iglesia sobre su propio ser y sobre su misión, aparece incoada —entre otras— una nueva forma de organización pastoral para el bien común de toda la Iglesia [1]: la de las prelaturas personales. Con el tiempo, esta realidad adquiriría forma jurídica y la Sede Apostólica la vería enteramente adecuada al espíritu y a la naturaleza del Opus Dei. 

La Iglesia, como Madre que es de todos los cristianos, celebra la vida de sus hijas e hijos, y la de las instituciones que la integran. Por eso, también es toda la Iglesia la que celebra hoy el nacimiento de su primera prelatura personal. 

ORIGEN

Ante tan prestigioso ámbito académico, aprovecharé a dar razón del origen y de la naturaleza de este aún novedoso fenómeno eclesial y jurídico que significan las prelaturas personales. Lo haré primero desde una perspectiva eclesiológica, y después desde una perspectiva jurídica.

Desde el punto de vista eclesiológico, el Concilio facilitó una renovada toma de conciencia de aspectos de su ser y de su actuar hasta entonces algo relegados.

Es especialmente significativo, en este sentido, la presentación que hace la Constitución dogmática Lumen gentium de la Iglesia como Pueblo de Dios de la Nueva Alianza [2], afirmando la participación activa y solidaria de todo el Pueblo de Dios —no sólo de la Jerarquía— en la misión de la Iglesia. Renueva la proclamación de la llamada universal a la santidad [3] y profundiza en la distinción, complementariedad y recíproca ordenación entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, que determina el carácter «orgánicamente estructurado de la comunidad sacerdotal» —es decir, la Iglesia— para el cumplimiento de su misión [4].

También otros documentos del Concilio señalan aspectos renovadores significativos. Por ejemplo, la Constitución pastoral Gaudium et spes aporta una visión del mundo, del hombre y de las realidades terrenas, profundamente positiva y comprometida, a la luz del plan divino de la Redención y de la misión de la Iglesia. Y el Decreto Apostolicam actuositatem ratifica que la misión de los fieles laicos es de índole secular, pues están llamados a ser santos y a actuar a modo de fermento en la sociedad, llevando a cabo una profunda acción apostólica [5].

Junto a estos contenidos doctrinales, el Concilio estudia también la renovación de diversos aspectos de la organización jurídica de la Iglesia, con el fin de mejorar el ejercicio de su misión ante las nuevas circunstancias y exigencias del mundo moderno. Dos aspectos que contribuyen a la aparición de nuevas formas de organización pastoral se refieren a la flexibilidad de las normas de incardinación de los sacerdotes y a la flexibilidad del criterio no necesariamente territorial de la organización eclesiástica. En ese contexto, el Decreto conciliar Presbyterorum ordinis, dispuso textualmente:

«Donde así lo reclame la razón del apostolado, han de facilitarse más, no sólo la adecuada distribución de los presbíteros, sino también las obras pastorales peculiares que han de llevarse a cabo, en favor de diversos grupos sociales, en alguna región o nación, o bien en todo el orbe. Para ello, puede ser útil establecer ciertos seminarios internacionales, diócesis peculiares o prelaturas personales, y otras instituciones semejantes, a las que puedan agregarse o incardinarse presbíteros para el bien común de toda la Iglesia, según los modos que habrán de establecerse para cada una de esas iniciativas y quedando siempre a salvo los derechos de los Ordinarios de los lugares». [6]

En los documentos del Concilio Vaticano II aparece, pues, incoada, tanto desde el punto de vista eclesiológico como jurídico, la figura de las prelaturas personales.

Poco después del Concilio, el Motu proprio Ecclesiae Sanctae, de Pablo VI, indicaba aplicar algunos de los postulados jurídicos contenidos en los documentos conciliares [7]. De ese modo se abría el cauce jurídico que permitiría al Opus Dei poseer un derecho al mismo tiempo universal y propio dentro de la Iglesia: lo que San Josemaría llamaba gráficamente su “traje a medida”.

Así lo afirmaría Juan Pablo II al erigir el Opus Dei en prelatura personal: «Desde que el Concilio Ecuménico Vaticano II introdujo en el ordenamiento de la Iglesia (...) la figura de las Prelaturas personales para la realización de peculiares tareas pastorales, se vio con claridad que tal figura jurídica se adaptaba perfectamente al Opus Dei» [8]. NATURALEZA ¿Qué es una prelatura personal? ¿cuál es su naturaleza? Por razón de claridad expositiva, señalaré las semejanzas, diferencias y complementariedad existentes entre una diócesis y una prelatura personal.

De modo análogo a una diócesis, una prelatura personal es una circunscripción eclesiástica de naturaleza jerárquica. Esto quiere decir, que ambas son una comunidad de bautizados que se distinguen y complementan orgánicamente entre sí, según la estructura fundamental de la Iglesia: fieles y ministros sagrados, de cuya comunidad es cabeza y principio de unidad el prelado. También, como todas las circunscripciones eclesiásticas, tanto las prelaturas personales como las diócesis dependen de la Santa Sede, o sea, del Romano Pontífice y de la Congregación para los Obispos, que es el órgano que le ayuda en todo lo referente a las estructuras jurisdiccionales jerárquicas (iglesias particulares, ordinariatos militares, prelaturas personales, etcétera).

La primera y más notoria distinción la declara el calificativo de personal. En efecto, mientras una diócesis comprende a todos los fieles en un determinado territorio, una prelatura personal vive y actúa dentro de una o de varias diócesis, con jurisdicción personal, no territorial, sobre los fieles laicos y ministros sagrados que la integran. Por otra parte, aunque comparten la misma misión salvífica de toda la Iglesia, una prelatura personal es creada según una razón de apostolado, para atender una necesidad específica, particular, y para ello está dotada de estatutos jurídicos propios.

Justamente, esta razón eclesial específica con la que nace una prelatura personal es la que le lleva a promover la vida cristiana y la tarea evangelizadora de la Iglesia de un modo complementario al de las diócesis en las que trabaja y en beneficio de las mismas, y a las cuales siguen perteneciendo de forma plena los laicos que formen parte de la prelatura personal.

Con estas consideraciones pienso haber ayudado a comprender y valorar el aniversario que toda la Iglesia hoy celebra.

UN DÍA HISTÓRICO

El 28 de noviembre de 1982, día en el que Juan Pablo II firmó la Constitución apostólica Ut sit, permanecerá en la historia de la Iglesia como un hito. En esa fecha, después de un profundo estudio que duró tres años, el Romano Pontífice erigió el Opus Dei como Prelatura personal porque “habiendo crecido el Opus Dei, con la ayuda de la gracia divina—se lee en la Bula mencionada— hasta el punto de que se ha difundido y trabaja en gran número de diócesis de todo el mundo como un organismo apostólico compuesto de sacerdotes y laicos, tanto hombres como mujeres, que es al mismo tiempo orgánico e indiviso –es decir, como una institución dotada de una unidad de espíritu, de fin, de régimen y de formación-, se ha hecho necesario conferirle una configuración adecuada a sus características peculiares”[9]. Ese acto pontificio —se lee en la Declaración de la Congregación para los Obispos hecha con tal motivo— miraba “directamente a favorecer la actividad apostólica de la Iglesia, pues hace que se traduzca en realidad práctica y operativa un nuevo instrumento pastoral, hasta ahora sólo previsto en el derecho, y lo realiza mediante una Institución que ofrece probadas garantías doctrinales, disciplinares y de vigor apostólico[10]

SACERDOTES Y LAICOS

Me resulta grato recordar ahora que en el año 2001 fueron recibidos en Audiencia por el Santo Padre, unos cuatrocientos fieles de la Prelatura, procedentes de más de cincuenta países, reunidos en Roma para unas jornadas de reflexión sobre la Carta Novo Millennio Ineunte. En esa ocasión, Juan Pablo II destacó algunas características de la Prelatura del Opus Dei, contenidas en el documento con el cual la erigió.

En primer lugar, que ella está “orgánicamente estructurada”, pues consta de “sacerdotes y fieles laicos, hombres y mujeres, encabezados por su prelado. Esta naturaleza jerárquica del Opus Dei, establecida en la Constitución apostólica con la que erigí la Prelatura, continuó el Santo Padre, nos puede servir de punto de partida para consideraciones pastorales ricas en aplicaciones prácticas. Deseo subrayar, ante todo, que la pertenencia de los fieles laicos tanto a su Iglesia particular como a la Prelatura, a la que están incorporados, hace que la misión peculiar de la Prelatura confluya en el compromiso evangelizador de toda Iglesia particular, tal como previó el Concilio Vaticano II al plantear la figura de las prelaturas personales”[11]. ALCANCE

Queridos amigos, no quisiera cansarlos con más explicaciones jurídicas que, aun siendo necesarias, podrían con su tecnicismo opacar la realidad del servicio a la Iglesia que, tanto en Uruguay como en otros países de los que soy testigo directo, prestan los fieles del Opus Dei.

El compromiso apostólico de la Iglesia al cual se refería el Papa —la “nueva evangelización” tantas veces alentada ahora por el Santo Padre Benedicto XVI—, es un empeño que encuentra múltiples formas de llevarse a cabo, según la riqueza de los carismas que el Espíritu Santo promueve y que son discernidos por quien tiene la misión de guiar a la Iglesia.

Lo habitual para los discípulos de Cristo ha de ser seguirle incondicionalmente, con un estilo de vida que a veces puede sorprender para quien no lo comprenda desde una perspectiva plenamente cristiana. Los fieles del Opus Dei, sin distinguirse en nada de los demás católicos, tratan de vivir el espíritu de su santo fundador y realizan el compromiso de anunciar el evangelio en y desde el lugar en el que cada uno se encuentra. Es la vida cotidiana, con su tejido de relaciones familiares, profesionales y sociales, la que presenta ocasiones inéditas de dar a conocer a Jesucristo, y es el celo apostólico de cada uno el que empuja a aprovecharlas.

Este es el campo prioritario de la actividad apostólica de quienes pertenecen a la Prelatura y con él sirven a las diócesis de las cuales se sienten y son miembros vivos. También cooperan gustosamente y con sacrificio —soy testigo de ello— con las iniciativas que los Obispos promueven, y aconsejan a todos los que participan en las labores de la Obra a secundar esas directrices.

El Opus Dei nació en la Iglesia, nació de la Iglesia y existe para servir a la Iglesia “como la Iglesia quiere ser servida”, en expresión de San Josemaría. Sacerdotes y laicos respiran el mismo espíritu secular, que les lleva a asumir la propia responsabilidad en sus actos y, gracias también a ese espíritu, trabajan en unidad de intenciones: los laicos, tratando de informar con la luz de Cristo el propio ambiente y los sacerdotes ofreciendo su ministerio sacramental y de anuncio de la Palabra. Y todo el trabajo y la entera vida de las personas del Opus Dei, en la medida en que son fieles a su carisma, constituyen una parte del bien espiritual y apostólico de las diócesis en que se desarrollan.

La Universidad de Montevideo —que hoy nos acoge— es un ejemplo, entre otros, de una iniciativa apostólica promovida por personas del Opus Dei. Sé que es el fruto del amor a la institución universitaria de algunos profesores que, junto con otros colegas que no pertenecían a la Prelatura, decidieron unirse para darle vida a “algo” que, con el tiempo, podría llegar a ser una universidad.

Para terminar, quisiera agradecer al señor Rector de la Universidad y al Vicario de la Prelatura la invitación que me hicieron, como Representante del Santo Padre en Uruguay, a participar en este acto. Hace pocos años tuve la alegría, en Roma, de poder rezar junto a los sagrados restos de San Josemaría, que se encuentran en la iglesia prelaticia. Con el pensamiento vuelvo a hacerlo ahora, rogándole que presente a Dios nuestra gratitud por el aniversario que celebramos y que continúe bendiciendo a los fieles del Opus Dei y a todos los que participan en sus medios de formación.

[1] Concilio Vaticano II, Decreto Presbyterorum ordinis (8-XII-1965), n. 10

[2] Cfr. Const. dogm. Lumen gentium, 9

[3] Cfr. Ibidem cap. V

[4] Cfr. Ibidem 10-11

[5] Cfr. Ibidem 31, 33 ss.

[6] Concilio Vaticano II, Decreto Presbyterorum ordinis, n. 10

[7] Pablo VI, Motu proprio Ecclesiae Sanctae (6-VIII-1966): AAS 58 [1966] 757-787

[8] Juan Pablo II, Constitución Apostólica Ut sit (28-XI-1982), proemio.

[9] Ibidem.

[10] Sagrada Congregacion para los Obispos,Declaración Prelaturae personales (23-VIII-1982)

[11] Juan Pablo II, Audiencia, 17-III-2001

  • Mons. Janusz Bolonek // Humanidades, Revista de la Universidad de Montevideo (Uruguay)