“En Uruguay y desde Uruguay”

Un uruguayo, arquitecto, rugbier y primer director del Colegio Monte VI, dando clases en un colegio de Kenia. Y todo comenzó con una frase que le escuchó al fundador del Opus Dei en Argentina, dirigida a un grupo de uruguayos, donde los invitaba a soñar en que debían llevar el Opus Dei a los lugares más remotos del planeta

De Uruguay

En 1974 tuve la oportunidad de recibir la bendición de viaje de San Josemaría Escrivá, junto con otros uruguayos que volvían a Uruguay desde Buenos Aires. Luego de la bendición de viaje, nuestro Padre nos repitió algo que ya había dicho en algunas tertulias con gente de la Obra: que esperaba mucho apostolado en Argentina y desde Argentina, o sea, en otros países. Para Nuestro Padre, del cono sur americano debían salir muchas personas hacia el resto del mundo para expandir el cristianismo y el espíritu del Opus Dei.

En su momento no me imaginaba que esas palabras se iban a hacer realidad para mí. Pero a finales de 1987 recibí noticia del entonces Prelado del Opus Dei, monseñor Álvaro Del Portillo, preguntándome si estaría dispuesto a irme a Kenia a ayudar en la labor apostólica allí. Luego de pensarlo y llevarlo a la oración, conteste que sí, recordando las palabras dichas a mi 13 años antes por San Josemaría.

Una vez llegado a Kenia, comprobé la realidad de las palabras de nuestro Padre: que hay una sola raza… Al tratar con los africanos y al experimentar su agradecido afecto hacia mi persona y sus deseos de santidad, pude apreciar que aparte de las muchas diferencias de costumbres y de ambiente, los hombres y mujeres somos esencialmente lo mismo, con un gran potencial para pensar, conocer y amar a Dios y a los demás, al mismo tiempo que con la posibilidad de ignorar a Dios y sus leyes y llegar a cometer ofensas grandes.

Algo que el Santo insistía a las personas que viajaban a otros países era no formar un grupo aparte, como es relativamente común entre inmigrantes. De las primeras cosas que me pidieron en Kenia es que no hablara mi lengua materna aún cuando varias de las personas de la Obra aquí hablaban esa misma lengua en su país de origen. Y si bien se hace apostolado con los amigos de raza blanca que uno pueda tener aquí, el mayor esfuerzo va siempre dirigido a los africanos.

“Vengo a aprender” era una frase común en labios de San Josemaría en su viaje a América del Sur en 1974. Dadas su gran inteligencia y santidad, esas palabras siempre me impresionaron, y he procurado aplicarlas a mi experiencia en Kenia. Y debo admitir que he aprendido muchas cosas de los africanos, por ejemplo su sencillo sentido del humor, su cortesía y su reciedumbre. Y esto lo aplico no solamente a adultos, sino también a mis alumnos de primaria, de quienes he aprendido y aún aprendo muchas cosas.Josemaría Escrivá decía que en el Opus Dei debíamos vivir el espíritu de familia y de milicia al mismo tiempo. Se refería al cariño que debíamos tener entre nosotros y a la autodisciplina y obediencia necesaria para servir a Dios con eficacia y de manera agradable a Dios. Estas palabras he procurado aplicarlas a mi trabajo en la enseñanza primaria, desde que empecé a trabajar en un colegio en Montevideo, Monte VI, al terminar la carrera de Arquitectura. Esta manera de actuar me ha servido para ayudar a educar a los chicos con eficacia, contando en la mayoría de los casos con la alegre cooperación de los mismos chicos.

Al ver que mis amigos no siempre responden con la prontitud que uno espera, me ha recordado el Señor aquellas palabras de nuestro Padre, dirigidas a los alumnos de Colegio Romano cuando plantaban los primeros árboles en el lugar: “plantar árboles de los que otros disfrutarán su sombra”. Luego nuestro Padre también aplicaba esto a la labor apostólica, pensando en que otros recogerán los frutos de nuestros esfuerzos, ya que “nada de lo que se hace por Dios se pierde”.

Para terminar, podría decir que si no fuera por San Josemaría yo nunca hubiera venido a Kenia ni me hubiera dedicado a la enseñanza, ni creo que estaría muy cerca de Dios. Yo le estoy eternamente agradecido por todo lo que he recibido de él, en lo espiritual y en lo humano, tanto por medio de sus enseñanzas como por su intercesión luego de que se fue al cielo.

A mediados de 1978 un grupo de padres me propusieron empezar un colegio para varones en Montevideo. Yo estaba terminando la carrera de Arquitectura, luego de ocho años en la Universidad y algunos años de experiencia en un estudio de arquitectos. Visto de fuera parecería una locura, pero me gustó la idea. Creo que desde chico me gustaba enseñar. Además el colegio sería bilingüe y tendría mucho deporte: yo había ido a un colegio inglés y practicado deporte en abundancia. Así nació Monte VI.

Nuevamente, las palabras de San Josemaría me sirvieron de inspiración. Recuerdo la importancia que él le daba a la educación primaria, secundaria y universitaria. Y puestos a trabajar, tendríamos que darle suma importancia a los padres y a los profesores, además de los alumnos mismos. 

El colegio empezó al año siguiente, con muy pocos alumnos, pero fue una experiencia “brutal”, llena de alegrías. Luego el colegio fue creciendo lentamente, y el trabajo se fue complicando, en parte debido a mi falta de experiencia administrativa.

En momentos difíciles recuerdo haberle rezado al Santo y siempre salimos de los apuros. Y hoy día me da mucha alegría que el colegio goce de buen prestigio educativo y que vaya dando abundantes frutos apostólicos. Recuerdo las palabras de San Josemaría de que ningún esfuerzo nuestro en servicio de Dios y de las almas se pierde.

El rugby fue siempre mi primer deporte. Con sus palabras y con su sentido de la dignidad y lealtad humanas, el Fundador del Opus Dei me enseñó a gozar del deporte fomentando siempre la amistad y el juego fuerte pero “limpio”, o sea noble. Y eso es lo que quisimos transmitir cuando con otros miembros de la Obra y amigos fundamos un club de rugby en la Residencia Universitaria Montefaro, en el año 1973, al que llamamos C.U.PRA. (Club Universitario Prado). El mismo espíritu me ha inspirado desde entonces en la enseñanza de deportes en Monte VI y actualmente en Strathmore School en Kenia.

  • Michael Lyford-Pike, Arquitecto y docente // Libro "San Josemaría y los uruguayos", año 2002