“Comprobé que Dios no se deja ganar en generosidad”

Día a día lucha con fuerza para llegar a fin de mes y en medio de esa batalla es un convencido de que Dios paga más y mejor: "Son tantas las veces que veo gente mejor que yo, con más virtudes, que sin embargo no han recibido de Dios todo lo que yo he recibido". Relata que pese a no contar con bienes económicos, "no me sentí incómodo en el Opus Dei, porque siempre vi gente de todo tipo y clase".

Testimonios
Opus Dei - “Comprobé que Dios no se deja ganar en generosidad”

Trabajo en un almacén al por mayor, encargado de la parte de computación y tesorería y esta actividad la compagino con ser padre de familia, ya que tengo 10 hijos, siete mujeres y tres varones, con 25 años de casado. La mayor de mis hijas está casada y ya soy abuelo y el más chico de mis hijos tiene cinco años. Tengo también un lote de hermanos, 11 varones –un equipo de fútbol entero, todos de Peñarol- y una mujer.

Yo recuerdo que mi padre siempre trabajó mucho y se privó de muchas cosas por sus hijos. Por ejemplo, cuando el fundador del Opus Dei visitó Argentina, mis padres decidieron vender todos los sanitarios nuevos que habían comprado para reciclar los baños y con ese dinero viajó toda la familia, en el año 1974 en el Vapor de la Carrera, a Buenos Aires.

Yo hasta entonces conocía poca cosa del Opus Dei: algo que me había comentado un hermano mayor que iba por una residencia y yo que alguna vez había ido a Los Montañeros, un club juvenil para chicos donde teníamos distintas actividades. Sí recuerdo con claridad los encuentros del fundador con mucha gente en Buenos Aires y un encuentro particular que tuvo con mi familia, donde nos dio la bendición a mis padres y a nosotros.

Lo que más me impresionó fue el mensaje de que todos estábamos llamados a la santidad (...) era algo fuerte porque exigía algo a cambio

Vuelto a Montevideo no seguí en contacto con el Opus Dei. En el año 1976 empecé a trabajar como cajero en el Mercado Modelo, lo que suponía que me tenía que levantar a las dos de la mañana ya que a las cuatro había que tener la caja abierta. En esa época estaba de novio y la verdad es que dormía poco. Eso ya me había producido algunas diferencias en la caja y un día le dije a mi jefe que iba a dejar ese trabajo porque no lo estaba haciendo bien y no me servía. Pero él me dijo que si quería me trasladaba a la casa central, en La Teja, donde podría hacer otro horario. Fue allí donde conocí a un contador que es del Opus Dei y quedé trabajando con él. De a poco él me fue comentando cosas de la Obra, rezábamos el Angelus juntos en el trabajo y allí empecé a asistir a los medios de formación.

Del Opus Dei lo que más me impresionó era el mensaje de que todos estábamos llamados a la santidad. En realidad fue lo que más me llamó la atención pero al mismo tiempo era algo fuerte porque exigía algo a cambio. Me di cuenta de que si otros podían, yo al menos podría hacer el esfuerzo. Sabía que me costaría, pero me entusiasmaba.

Yo no voy a decir que tener una familia numerosa sea fácil. Exige mucho sacrificio (...) pero estoy convencido de que se puede y que vale la pena

Ya estando casado, y con dos hijas, me hice del Opus Dei. Yo siempre desde chico había pensado en tener muchos hijos. Ese era uno de los temas que me preocupaban. El otro era cómo darles una buena formación a esos hijos. Creo que Dios nos arregló las cosas a mi señora y a mí para que ambas cosas sean compatibles: el hecho de que fueran seis mujeres las primeras hijas nos resolvió mucho. No quiero ni pensar lo que hubiese sido si fuesen seis varones. Muchos me decían que yo seguía teniendo hijos porque buscaba el varón pero, fuera de broma, eso a nosotros nos ayudo mucho porque las chicas pudieron ayudar en las tareas de la casa y mi mujer pudo seguir trabajando. Además después llegó el varón y seguimos teniendo hijos. 

Mi mujer y yo vivimos 10 años en un apartamento de 51 metros cuadrados, de 3 dormitorios, y allí llegamos a vivir con nueve hijos. Era tal la cantidad, que en los cumpleaños el dormitorio nuestro teníamos que desarmarlo, porque no entraban todos. Levantábamos la cama para hacer lugar. Cuando ya no teníamos más lugar material, recurrimos todos –nosotros y nuestros hijos- a la intercesión de San Josemaría Escrivá para que nos solucione el tema de la casa. Le rezamos mucho tiempo y al final salió como regalo del cielo. Nosotros habíamos comprado el apartamento por el Banco Hipotecario y estábamos pagando las cuotas y vendimos el apartamento sin deudas pero pasamos la deuda a lo que compráramos.

Para realizar ese paso teníamos tres meses y cuando faltaban 15 días apareció esta casa que ni a mi mujer ni a mí nos gustaba. La fuimos a ver cuatro veces, mientras incrementábamos las oraciones de la estampa. La cuarta vez que la fui a ver en realidad iba a decirle que no nos interesaba y no encontré mejor fórmula que planteárselo diciéndole que le pagábamos 10.000 dólares menos. Para mi sorpresa me dice que aceptaba. Y yo quedé diciéndole “no, pero piénselo”… Y bueno, no tuvimos otro remedio y la verdad es que fue un acierto. Estaba muy venida a menos y ahora estamos encantados. Y por la plata que pagamos es imposible conseguir una casa así. Además una de las cosas que pedíamos cuando le rezábamos a Nuestro Padre es que la casa tuviese una iglesia cerca, porque como no teníamos auto es muy difícil trasladarnos para ir a misa. Y, cosa increíble, la casa tiene en la esquina un convento donde hay misa todos los días y otra iglesia a tres cuadras.

Siempre me gustó lo que San Josemaría decía de tener un hogar luminoso y alegre. También lo de ser el primero en pedir perdón

Yo no voy a decir que tener una familia numerosa sea fácil. No, exige mucho sacrificio, dejar muchas cosas, pero estoy convencido que se puede y que vale la pena. Para eso me sirve mucho ver la vida del fundador del Opus Dei, ya que una de las cosas que más me impresionan es la fidelidad a todo lo que Dios le pedía, cómo respondió enseguida sin aflojar en nada.

Otro aspecto que me sorprende y me ayuda mucho es el cariño que siempre tuvo hacia los demás, hacia sus hijos, en la forma de hablar, de explicar, de estar en cada detalle. Yo cada vez que veo la filmación de los encuentros del fundador con sus hijos me emociono porque me doy cuenta lo mucho que Josemaría Escrivá quería. Pensar en todo lo que hizo Nuestro Padre, que muchas veces hacía cosas sin ganas, cansado, me sirve para ponerme en su lugar y seguir adelante cuando me entran las ganas de aflojar en algo, de no hacer las cosas como las tengo que hacer.

También el fundador de la Obra me ayudó mucho en la vida de familia. Por mi carácter hay muchas cosas que –aunque me falta mucho- voy intentando limar. Por ejemplo, siempre me gustó lo que Nuestro Padre decía de buscar tener un hogar luminoso y alegre. A mí me ayudo mucho eso de siempre ser el primero en pedir perdón, tanto en el matrimonio como con los hijos. Aunque me resulta difícil, trato de pedir perdón porque es un tema que me cuesta especialmente.

Capaz que si yo era de una familia con plata, a esta altura vaya uno a saber dónde estaría. Dios sabe cómo hace las cosas

Es verdad que a medida que íbamos teniendo hijos había gente que nos decía que era una barbaridad, que era una inconsciencia. Yo creo que a veces lo dicen para justificarse. Y lo que sí veo clarísimo es que nosotros no sentimos la necesidad de tener cosas de las cuales se puede prescindir. La verdad es que uno se olvida muy rápido de las dificultades que se pasan. Lo que queda es lo otro, son los hijos, son esas alegrías. Incluso veo que las necesidades que pasamos nos ayudan mucho también para la formación de los hijos y de los padres.

El fundador del Opus Dei nos enseñó a que, sin dejar de poner los medios, tengamos confianza en Dios y que Dios no se deja ganar en generosidad. Ahora estamos haciendo un esfuerzo muy grande por la educación de nuestros hijos, privándonos de muchas cosas, pero estamos más que seguros, porque ya lo hemos verificado, que vale la pena.Yo muchas veces me siento un privilegiado de Dios por todo lo recibido. Son tantas las veces que veo gente mejor que yo, con más virtudes, que sin embargo no  han recibido de Dios todo lo que yo he recibido. Soy consciente de eso.

También a veces me dicen que en el Opus Dei son todos de élite, y yo nunca me sentí con problemas por no tener bienes económicos, ni siquiera me sentí incómodo porque siempre vi gente de todo tipo. Claro que quizá le cuesta más a uno que tiene mucho dar lo que tiene, que a mí que tengo poco y nada, dar lo que tengo. Y yo veo en el Opus Dei mucha gente muy generosa que se desvive por los demás y podría estar, por su posición económica, muy en otra. Capaz que si yo era de una familia con plata, a esta altura vaya uno a saber dónde estaría. Se ve que Dios sabe cómo hace las cosas.

  • Alvaro Vidal, Responsable del área informática en almacén mayorista // Libro "San Josemaría y los uruguayos", año 2002